miércoles, 21 de marzo de 2012

Leo Messi, Rafa Nadal y las Benévolas


Puede parecer extraño que en este blog dedicado a una novela se hable de un jugador de fútbol, aunque sea el más extraordinario que haya pisado un césped nunca jamás, pero no lo es, y desde luego tiene su por qué; obviamente estamos hablando de Lionel Andrés Messi, que en su enésima actuación estratosférica contra el Granada marcó un nuevo hito. Leo superó el récord de máximo artillero en posesión de Cesar Rodriguez, aquel goleador del Barça de las Cinco Copas a quien nunca vi jugar, pues en mi niñez no había televisión, pero sí gente de Esplús que iba a Barcelona a ver fútbol y traía noticias, y los periódicos que llegaban en el coche de linea, también oíamos alguna retransmisión por radio que hablaba del oportunismo y la calva de oro del punta leonés, luego la canción de Serrat que le hizo entrar en la particular social mitología futbolera. No tiene parangón con Messi de ninguna manera, excepto que ahora está a su lado como segundo goleador de la historia culé; ni ningún otro soporta la comparación con el genio de Rosario, y he visto jugar mucho fútbol, he visto jugar a gente como Zico, Socrátes, Rivelino, Gerson, Pele, Gianni Rivera, Mazzola, Luisito Suarez, Cruyff, George Best, Platini, Giresse, Schuster, Maradona, Romario, Laudrup y muchos más. Podían tener alguna acción como las de Leo, pero cada partido como él, nadie. Leo Messi es único e irrepetible, porque entiende y domina de cabo a rabo este juego tan tonto como subyugante; en primer lugar sabe y entiende que es un juego de equipo, sabe dejar al margen su ego, y se alegra tanto de una asistencia como de un gol, cuando se le asiste debidamente y marca, siempre con amplia sonrisa señala al asistente; maneja sus tiempos, el ritmo de juego requerido, y sabe y entiende la acción a ejecutar en cada momento. Messi se equivoca muy pocas veces respecto a lo que hay que hacer en cada triangulación o pared, y su excelsa técnica muy trabajada le ayuda cuando define, puede que la pelota se vaya unos centímetros más allá de los palos, aunque eso ocurra raramente, pero nunca falla, ni se equivoca en el tiempo o el modo de la ejecución. La temporada siguiente a la consecución de la primera Copa de Europa en Roma jugó un partido tan brillante contra el Zaragoza, que Guardiola le dijo a un señor de la grada de La Romareda: "Si no fuera por este, yo estaría entrenando en Tercera División", su juego y volteo del partido provocaron tan sincera como humilde opinión del mister de Santpedor, y en mí junto al titular de un periódico italiano el deseo irrefrenable de escribir algo en el blog; entonces hice esta entrada, que junto a un poema de Dámaso Alonso van líderes en visitas: El elogio más bonito para Messi vino de Italia, porque deseaba de todo corazón que Leo Messi alcanzara el rango de mejor jugador de todos los tiempos, y humildemente creo que a los veinticuatro años lo ha conseguido de largo: nunca jamás a los hinchas de fútbol ningún jugador nos ha asombrado cada partido como este jovenzuelo rosarino. Se ha cumplido la premonición de la Gazzetta Dello Sport y de miles de culés como yo: es el mejor de todos, también, y esto les honra, noblemente admitido por los más fanáticos antibarcelonistas hinchas del Madrid; y lo hemos criado en la Masía, pellizquémonos, no estamos soñando. Deseo ardientemente que Messi sea campeón del mundo con Argentina, porque también deseo que la vida le vaya bien, cuando cuelgue las botas.

Quizá penséis que esta entrada no tiene relación con el mundo de la adicción, pues sí que la tiene. Me explico.Uno es adicto, o tiene una personalidad acusadamente adictiva, siempre; debe aprender a convivir  al lado de ella, también es verdad que hay unas adicciones perniciosas que pueden con facilidad arruinarte la vida, y otras benévolas mientras no te ocasionen perjuicio. Por ejemplo, la adicción al fútbol de Leo Messi y el Barça, o a los partidos de tenis de Rafa Nadal, o ver el capítulo de tu serie favorita y fumar un cigarrillo tras la comida. Cuando uno ha caminado por las tinieblas de las perniciosas, debe atender cuidadosamente al monstruo, y dejarle juguetear con las benévolas, sencillamente porque de otro modo puede sobrevenir una recaída fatal. Por eso quiero expresar desde aquí mi admiración y agradecimiento a chicos como Leo Messi y Rafa Nadal, puesto que las benévolas, cuya persecución como las de Eurípides al personaje de la novela de Jonathan Littell por fortuna no te dejan ni a sol ni sombra, y estos atletas con su excelencia y espíritu de superación ayudan a gente normal en sus pequeñas cosas, a dejar de lado lo que no interesa y crea conflicto, como es mi caso.

lunes, 5 de marzo de 2012

Razón de ser de TENDRÁS UNA PRIMAVERA MOSCOVITA


Durante muchos años de mi vida fui adicto a la heroína fumada en papel de plata, no se por qué razón llamados "chinos". En todo ese tiempo leí bastante, yo diría que mucho, aunque escribí muy poco: algunos poemas y nada más que merezca ser recordado. Mi vida iba a la deriva. Me reencontré con quien había sido la persona más importante de mi vida, enseguida reanudamos la relación, y ello fue la palanca que me ayudó a abandonar aquella autodestrucción insensata. Me apunté a un programa de metadona, seguí las pautas, y sin ningún "mono" estridente que recuerde ahora, el galope a lomos del caballo loco había terminado para mi. Pasó el tiempo y un manido adagio popular que circulaba por el mundo yonkarra: yonki viejo, alcohólico nuevo, sin darme yo cuenta, se fue instalando sibilinamente en mi vida. Los usos de mi conducta adictiva de los tiempos de la heroína volvieron ahora con el alcohol, y así durante unos cuantos años hasta poner en peligro mi vida familiar. Cuando vi que la pérdida de mi mujer iba muy en serio, entonces tuve conciencia real, que era necesario tomar una decisión. Pedí ayuda, seguí un proceso gestalt de rehabilitación, y después escribí esta novela.
Todas las adicciones son iguales. Mi protagonista es una persona adicta al sexo, y la elegí porque es la adicción más parecida a la heroína, los mecanismos que mueven el deseo de consumo en el centro de recompensa de placer del hipotálamo son muy similares, y esto se traduce en las pautas de conducta, que así mismo cuentan con muchas similitudes. La razón de tal elección se debió a que en aquellos momentos la heroína (me fue diagnosticada como mi droga primaria, o sea... preferida) y el alcohol bullían en mi interior con demasiada fuerza, tal vez sin digerir todavía, y no me apetecía entonces tocar ninguna de las dos. Ahora sí que me siento capaz de escribir sobre ello, y tal vez algún día lo haga en relato de ficción. Pero eso no tiene mayor importancia, un adicto a lo que sea, será siempre un adicto a lo que sea. Y si es consciente de ello, puede mantener al monstruo alejado, pero si no se reconoce a si mismo como tal adicto..., es imposible. Esto lo conseguirá haciendo introspección y buscándose a si mismo con honestidad, siendo capaz de tratar de reinventarse para el futuro, mudando de hábitos insanos, así es como uno puede contener de algún modo las embestidas del deseo irrefrenable; y de otra manera si no lucha y uno sigue en la obstinación, lo más probable es que tarde o temprano acabe con tu vida.
Tras muchos años de oscuridad cuando me desembaracé de las tinieblas de la heroína y el alcohol, brilló en mi vida un limpio cielo azul y esplendoroso, como el que se ve sobre el Kremlin y el Volga.